LEONCIO BUENO BARRANTES

Hacienda La Constancia, distrito de Chocope, ex provincia de Trujillo - Perú, 1920

AL PIE DEL YUNQUE


AGONÍA DE UN LABRADOR
a mi abuelo

Yo le vi como un árbol abatido,
ennegrecido y duro como un riel en su lecho.
Pensativo, sombrío
aguardaba la muerte
espantado a las moscas.

¡Pobre viejo arador de la tierra,
que marido tan dulce perdían
la yunta y la chicha!

Cuando aún con sus pasos
clarinaban espuelas
y al oírlas temblaban
los chalanes impávidos
y las mulas más fieras,
él me enseñó sonriendo
aquel duro manejo
de los fríos relámpagos negros.

Cuando el campo doraba
sus espaldas de fuego
y saltaban sus huesos
como chispas al cielo,
por ochenta centavos
¡todo un día surcaba la tierra!

Viejo arador turbulento,
siempre amé tu lozano sembrío de “ajos”,
tus agrias maldiciones
y tu amor por el asno taciturno.
Ahora adoro tu temple derribado
y ese gesto, tan tuyo, de insolencia bravía
con que siempre enfrentaste la vida
y hoy enfrentas la muerte.

Viejo arador,
incansable domador de la tierra,
¡cuantas anchas campiñas
reverdecieron por la magia de tu arado!

Sesenta años
ijocando tu yunta por Tulape,
Palmío, Mocollope, La Constancia,
Chuín, Casa Grande, Gazñape, Cintuco,
Facalá, Talambo, Mocan…
Sesenta años retemblando la tierra como un trueno;
¿la fortuna que amasaste?
¡¡hijas!..... ¡hijos! Cocineras, lavanderas y peones,
otros tantos labradores incansables de la tierra.

¡Oh dulce abuelo mío!
ya está seco y consumido
tu indómito algarrobo,
tus aspas de molino
están rotas y quietas,
tu caldero se enfría,
tu vela se apaga.
Te vas sin un suspiro ni una queja,
hundido en tu silencio intransigente,
burlándote del cura, de sus óleos y su infierno.

Viejo arador, inmenso árbol de hierro,
allí estás silencioso y pensativo
esperando a la muerte, con fastidio.
Si pudieras hablar, por lo que tarda,
yo sé que la hartarías de blasfemias.

(de Al pie del Yunque, pp. 11-12)

A LA HACIENDA FACALÁ

¡No puedo volver a ti!
Una tarde, desde la alta colina
te vi por última vez,
siempre verde y florida bajo el cielo otoñal.
Vi los álamos de tu río,
oí el canto de tus gallos,
todo a lo lejos se mecía
como un sueño en las nubes.
Era una tarde, tarde en mi vida,
mi corcel apacentaba en los páramos,
la fragancia de tus pastos
hormigueaba en mis sentidos,
sabor de cañas lilas
derretía mis dientes.
¡Oh, las albas armónicas!
la aborigen infancia
como alegre cabrito corría por los cerros.
Si algún día volviera
a saborear guayabas de tus huertos,
¿me sabrían lo mismo?
¡Quien como tú que eres invariable,
que eres profunda, que eres callada!
Quisiera ser como tus montes solitarios
tan serenos, tan rígidos, tan altos.
Me siento fatigado de bregar sin descanso,
me siento como un buey enflaquecido
que nunca prueba el fruto de su arar.

(de Al pie del Yunque, p. 38)



PERÚ ESTA ES TU HORA

Perú, esta es tu hora,
¡que despierten tus cóndores guerreros!
¡que despierten tus bravos labradores!

Los Andes tiemblan, los picachos lloran,
la cordillera brama ardiendo en pumas.

Perú, esta es tu hora.
tus praderas se pueblan de hondas y águilas,
los ríos hierven de pirañas rojas,
¡que despierten tus cóndores guerreros!
¡que despierten los bravos labradores!

Perú, esta es tu hora,
la hora de crear, de forjar en patria viva
tu nueva hoz, la hoz de la victoria.

Esta es la hora del Perú, hermano:
¡fájate firme!
¡que despierten los cóndores guerreros!
¡que despierten los bravos labradores!

Los cascos verdes empapan en sangre
la campiña, la fábrica, la Escuela,
estudiantes imberbes empuñan los fusiles,
poetas, gritan su canto asesinados;
¡que despierten tus cóndores guerreros!
¡que despierten los bravos labradores!

Atrás toda vana ilusión, toda estulta esperanza.
Es la hora del Perú, van a marchar los montes.

¡Silencio!

aquí viene La Palabra en la boca del fusil.


Esta es la hora del Perú, ya suena
el primer estampido en la montaña.

Perú, esta es tu hora.

¡Que despierten tus cóndores guerreros!
¡Que revienten los huaicos temerosos!
¡Que se desplome el cielo y un incendio
total, inexorable
el miedo nos triture hasta la médula
y que la tierra toda se levante
para aplastar el odio dilatado!

Y nazca un nuevo sol, el sol del pueblo
con roscas y manzanas para todos,
con tractores y libros para todos.

(de Al pie del Yunque, pp. 75-76)



PASTOR DE TRUENOS

UN HOMBRE TRISTE

Un hombre triste
tuvo una vez un sueño: Quiso
ser poeta,
pero
siguió siendo en la sombra
un hombre triste.

Una vez más soñó, apasionadamente.
Se enroló en la epopeya luctuosa: Quiso
ser un bravo,
vivir épicamente
su última muerte,
pero en el fondo
siguió siendo sin paz
un hombre triste.

Ya sin remedio,
agotada hasta el fin
la última aventura,
convenciose
que no era mala cosa
ser
hasta la médula
un hombre triste.

(De Pastor de truenos, p. 27)

¡ADIOS PASTOR DE TRUENOS!

¿No sientes cómo balan tus cabras en la inverna?
¿No ves cómo llora tu hacha estremecida?
¡Ya tus manos de yunque
no tocarán su mango!
Allí, en el rincón donde una tarde la pusiste,
allí se cubrirá de polvo y moho.

¡Adiós, pastor de truenos!
Ve, a apacentar sin tregua
tus rebaños de estrellas en el cielo.

Esta noche,
los espinos del monte
arrugarán sus hojas.
Tu sombra melancólica
vagará por los campos.
Uno a uno, tus pasos
recogerás por todos los caminos.
Vendrás en luna nueva
a contemplar tus bestias afligidas,
a tocar tus aperos,
tu hacha, tus espuelas;
y al sentir a lo lejos
los bueyes mugirán desconcertados
y tu espectro se irá siempre más triste.

¡Adiós, pastor de truenos!
Ve, a prender tu fragua entre las nubes,
y a forjar el relámpago hacedor de la lluvia!


(De Pastor de truenos, pp. 51-52)




INVASIÓN PODEROSA

AUTOREPORTAJE

a todo dar hasta amolarme
aquí me arranco,
entre las cejas se me ha puesto apoderarme
de mi propio universo
con un canto,
si no reviento,
aquí lo empuño, aquí lo alcanzo.

Pienso hacerme el mar –el mar entero-
el viento en popa, la vela y el velero,
además, ser
el marinero.

¿qué escribo?

¡lo que me arranco!
escribo lo que me hierve en los porongos,
escribo lo que me grita desde el combo,
escribo mi corazón piafando en una línea,
escribo, escribo como un desconocido;
escribo, escribo mis bramidos!

¿cómo escribo?

rompiéndome el alma
a golpe de hacha
con toda raza
duela a quien duela
donde la agarre,
al pie del tumbo,
moliendo el lomo y la tutuma
escribo a gatas,
pasito a paso
duro
durango,
escribo a pata.

¿desde dónde escribo?

Desde aquí, donde hoy y siempre
me hallarán chancando,
poesías eléctricas, escribo al sol,
desde mis herrerías,
entre alicates, pernos y tornillos,
metido hasta el hueso sacro en ácido sulfúrico,
en un crisol fundiéndome y fundiendo
plomo, coágulos, mandarrias y estronsium 90,
desde mis invasiones,
aquí, bramando
escribo con esta tinta biensudada.

¿por qué escribo?

¡Porque escribo!,
para ponerle cuernos a la muerte,
para tirarme al tiempo
o para que él
no me tire fácilmente.
Escribo porque quiero mi parte de luz
o de catana,
escribo para hacerme un túnel.
Sólo escribiendo puedo
joder, darle de piñas a la moña.
ponerle un cohete al orden mono;
por eso escribo,
escribo para no morir
sin antes
haber puesto mis huesos en el fuego.


(De Invasión Poderosa, pp. 17-18)

TECHO PROPIO

Mi techo es pequeño hecho de esteras y otros
deshechos inflamables,
puede caerme encima
sin hacerme daño,
dejar pasar bichos y la lluvia;
pero estos sucesos no ocurren diariamente,
es más probable que vea pasar la luz
y los colores del Centauro;
no me importan las chirimachas
ni los orines de los gatos,
al contrario,
me hacen pensar que soy dueño
de un techo endiabladamente importante.

(De Invasión Poderosa, p. 57)




REBUZNO PROPIO

ASNOGRAFÍA

Cojo la pluma y nada
cada vez soy más zopenco
Quevedo

Tumbo y retumba pero aun no suena,
ni truena
mi escuálido quirquincho.
Siembro, podo, barbecho. Siembro,
vuelvo a podar, aparejo
sin descanso, mas no veo
crecer mi verdolaga.
Ando, trajino, sudo
la gota gorda hollando
estrambóticos senderos,
y siempre estoy reptando a tientas
lejos de mi propio recoveco.
¿Hasta cuándo no voy a articular mi rebuzno propio?
Hiervo, cocino, aderezo, sirvo
y a la postre cuaja, pero no cuaja
mi propia salsa.
Tiempo ha que machaco y le doy de alma
a esta mollera chúcara
por saborear deveras mi sandía.

(de Rebuzno Propio, p. 13)



LA MARRAQUETA DE ACERO

Eran tres trapiches: el A, el B y el C
devoradores de caña
o carne humana,
a media noche chirriaban sus molinos como
alaridos de perros,
destemplaba los dientes ponía a la población carne
de gallina.
El trapiche tiene hambre
a quien se irá a comer el trapiche?
Un cholo va a caer en una de estas noches.
Era la única forma de calmar los alaridos del A.
Mi furor afloró demencialmente
cuando una noche el A
se engulló el brazo derecho de mi cumpita Colbert.
Colbert era un muchacho fuerte y bonachón
que me enseñaba el boxeo.
Entonces le dije al A:
Maldito viejo, montón de fierros, me las vas a pagar.
Yo sé en que muelas ponerte una noche de estas,
no un cráneo, ni un brazo
una marraqueta de hierro te voy a dar a tragar
Justo a la hora del cambio de guardia,
diez kilos de pitanza del más templado acero
entre las muelas de la polea madre
y el terremoto se produjo;
las chumaceras volaron, los ejes se salieron
de su centro,
los molinos se encabritaron como machos trotones
y el motor paró en seco, saliéndose de sus cimientos.
A la mañana siguiente vinieron las investigaciones.
Esta es la obra de un loco. Sabotaje anarquista.
Expertos Sherlock Colmes de ofídica mirada
interrogaron día y noche: “Tú, qué haces después
de trabajar;
y tú y tú…?
-“Yo, voy a cuidar a mis chanchitos”
-“Yo, me entretengo en mi huertita”
-“Yo, corto la leña para negociar”…
“Y, tú zambito?”
-Yo? Nada, a veces leo un poco”.
INVESTIGACIÓN CONCLUIDA. HEMOS DADO CON
EL MALHECHOR.

(de Rebuzno Propio, pp. 26-27)

AL CUERNO EL PODEROSO

Yo no tengo entusiasmo
para llevar mi flauta a los bulines,
para besarle el orto a los burócratas,
ni amputarle a ninguno su pitanza;
no espero que mi perno se lubrique
con la loca pomada que algún otro reclame.

Tenga yo como ahora
mi martillo a la mano y diré siempre:
¡al cuerno, el poderoso!

(de Rebuzno Propio, p. 51)

AVISO

“Hombre cincuentón de aire azambado curtido en
actividades subversivas condenado a largos años de
presidio sabedor de las mañas del hampa y de
la poli ex-soldado de caballería diestro en el manejo
del canuto la chaira y toda clase de armas de fuego
sabe preparar bombas caseras de gran poder beber
sin emborracharse amanecerse de claro en claro
cumpliendo una consigna poeta brevetado con libros
publicados, etc., etc.: ofrece sus servicios sin pre-
tenciones a burdel o casa de citas de Lima o del
extranjero.
Dirigirse a: Restauración, 160
Lima. 5. PERÚ.-

WAYNO DE COMAS

o aquí, en este lugar, atrapado
al alambre de púas del combate social.
Hablo aquí, donde antes no había nada,
siento cada día aumentar mi jaleo.
mi voz, bien subversiva en esta tierra tomada
al impulso de tantos.
Somos 700 mil artistas preñados de violencia moderna,
entre ellos, muchos mejores que yo
hablan y escriben vaticinios.
Soy uno de tantos arrimados parábolas en un papel rayado.
Confieso: estoy experto en tomarles la palabra a
quienes me rodean,
las tomo, les doy vueltas las meneo,
devuelvo de tal forma que ni los mismos padres re-
conocen a sus hijas.
Un día la masa dijo ¿somos o no somos?
Tomamos estos cerros, he aquí, se alza una obra
grande
enganchada al remolino de la era espacial.
Mañana vendrán historiadores gringos: sociólogos,
psicólogos, antropólogos.
dirán: “Que interesante…¿Koumas ega un paisaje
lunag?”
Exacto. Vinieron los hombres de la masa,
no tenían agua para beber
pero sembraron árboles.

(de Rebuzno Propio, pp. 75-76)

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