EDNAY ST.VINCENT MILLAY


Rockland-Estados Unidos,1892-Austerlitz-Nueva York, 1950

UN GESTO ANTIGUO

Pensé, mientras secaba mis ojos en una punta del delantal:
Penélope también hizo esto.
Y más de una vez: no puedes seguir tejiendo todos los días
y deshacerlo todo por la noche;
los brazos se cansan, y la nuca se endurece;
y se acerca la mañana, cuando crees que nunca habrá luz,
y tu esposo se ha ido, desde hace años, y tú no sabes dónde.
De pronto estallas en lágrimas;
no hay otra cosa que hacer, sencillamente.

Y pensé, mientras secaba mis ojos en la punta del delantal:
este es un gesto viejo, auténtico, antiguo,
en la mejor tradición, clásica, griega;
Ulises también hizo esto.
Pero sólo como un gesto — un gesto que suponía,
para el gentío reunido, que estaba demasiado conmovido para hablar.
Lo aprendió de Penélope...
Penélope, que realmente lloraba.

EL OTOÑO Y LA PRIMAVERA

En la primavera del año, la primavera del año,
anduve por el camino al lado de mi amor.
Los árboles eran negros donde estaba mojada la corteza.
Los veo todavía, en la primavera del año.
Él rompió para mí una rama del durazno florecido
apartado del camino y difícil de alcanzar.

En el otoño del año, en el otoño del año,
anduve por el camino al lado de mi amor.
Con un ronco trinar alzaban vuelo los grajos.
Todavía los oigo, en el otoño del año.
Él se reía de todo lo que yo osaba alabar,
rompiéndome el corazón, de pequeñas maneras.

Comience el año o esté llegando a su fin,
goteará la corteza y llamarán las aves.
Hay mucho que es bello de ver y escuchar
en el comienzo del año, en su final.
No es la ida del amor lo que lastima mis días
sino que se fuera de maneras pequeñas.

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