RUI CINATTI


Londres, 1915-Lisboa-Portugal, 1986


MEDITACIÓN

Al caer de la tarde
es todo inmaterial en la soleada
playa de arena fina.
Proa al viento quebrada,
la ola, entre las rocas, se ilumina.
Es todo inmaterial, todo neblina,
tenue bruma que, poco a poco, arde,
en este fin de tarde;
se deshace; fluctúa;
navío de otros tiempos se insinúa;
vuelo de ave desliza
allá en la lejanía línea pura.
Es todo inmaterial en la soleada
playa de arena fina.

Aquí nadie me ve: puedo amar la ternura.

(El libro del nómada amigo mío.)
(Traducción de Pilar Vazquez Cuesta) 

LA PEQUEÑA ANGUSTIA

Más cerca de mí 
están las estrellas 
en este jardín
que los hombres sentados a mi lado.

Las estrellas brillan. 
Los hombres entre ellos 
hablan.

No escuchan silencio 
los hombres que hablan 
en este jardín.

Las estrellas hablan cerca de mí.

(Conversación)
(Traducción de Pilar Vazquez Cuesta)


En mí, la guerra 
divide los continentes. 
El lazo oceánico felizmente nos unía, 
Lo cortaron. 
Quedan dos flámulas, que poco a poco 
Desfallecen, sumidas 
Y poco fluctúan 
en los abismos nocturnos. 
Es hora de ir en busca de otros mundos, 
movido por el imperio que en mí es usual; 
Capitán de mi goleta, 
Las voces de valentía mandan 
En todos los que en mí se escuchan y confían. 
Decidimos los destinos 
ausentes de emoción; 
La sangre derramada que nos guía, 
¡Nuestra sangre! 
Es ella quien en nosotros rescata la divinidad. 
¡Mirad, vosotros, desgraciados, 
Mercenarios del presente! 
Es sobre todo el dolor aplastado que os prende 
lo que en nosotros vuelve saludable la locura. 
Tan seguros rasgamos la ola que nos lleva, 
Nosotros, los desheredados de las historias de niños, 
¡Erguidos a la Vida! 
Tan serios los rostros en las vísperas del sueño... 
Tan serios los rostros. 
Sólo Dios nos haría regresar... ¡Ah!, 
Mas Dios es el piloto del infinito. 
Venid, pues, hermanos de otra sangre 
—Amigos, llegados sin previo aviso o súplica— 
¡Venid! / Es hora de que seamos nosotros los mandatarios, 
Colonos de la tierra infecundada.

PAX LUSITANICA

Ahora que lo pienso sería bastante 
tener que entregarme a griegos y a troyanos. 
Pero entregarme a americanos, rusos 
y chinos, ¡vaya! eso no, ¡que bien me llegan 
los portugueses! Esos 
facinerosos contradictorios, esos 
supersticiosos endomingados por la semana 
y estirados los domingos. 
Griegos de Ulises, vale, es una llama 
encendida en el altar de la patria. 
Troyanos... está Eneas, piadoso, 
llevando a la espalda a su pueblo. 
De Portugal, no se habla, ni de Gama 
Pero entregarme a americanos, rusos 
y chinos, ¡vaya! eso no, ¡que bien me llegan 
los portugueses! 
Lo que quiero es verme entre tahitianas, 
Titiro mañoso, vendedor de flautas 
y con ellas reunión amenizada. 
Lo que quiero es entregarme a Circe, encantarme 
en cavernas simbólicas 
donde no falten los excesos, 
el simulacro, la mirada de perro apresado 
por el olor a carne caliente. 
Penélope me esperó tanto tiempo 
que puede esperar más, como Lisboa. 
Pero entregarme a americanos, rusos 
y chinos, ¡vaya! eso no, ¡que bien me llegan 
los portugueses! 
Ajustadas la cuentas, quiero ver 
si no me engaño. 
Contra Ulisses, yo quiero ser Troyano. 
Quiero tener 
viajes pagados, un fin que dignifique, 
una toga, un palacio ... todo lo que 
justifique / mi precaria existencia 
marcada por la traición, por el pavor 
piloto muerto, por el soñador, por el incendio, por la lágrima 
de cocodrilo... 
Verdad, hay un olor lusitano... 
Soy romano. 
Aquello que prometo nunca lo hago. 
Pero entregarme a americanos, rusos 
y chinos, ¡vaya! eso no, ¡que bien me llegan 
los portugueses!.


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