RAMÓN DE ALMAGRO



Arrecifes-Pcia.de Buenos Aires-Argentina, 1934


NO ME DIGAS QUE NO

No me digas que no, te pones fea
Se te arruga la frente y en la boca,
Ese gesto de enojo que provoca
Amargura que duele y que golpea.

No me digas que no, no es la manera
Que debieras usar al castigarme,
Porque cuida no vayas a matarme,
Hay castigos que un hombre no tolera.

Y por eso y aunque sea por un rato
En el bien de este amor es que lo digo.
Deja ya tu rencor y tu mal trato.

Hazme caso, mujer, y si te pido,
Si mi alma está sedienta de tu abrazo
¡Deja todo, por Dios, y ven conmigo!

OLVIDO

Tú puedes olvidar y los recuerdos
Se pegan a mi piel como un castigo.

Tú puedes olvidar, yo sólo vivo
Añorando el querer que se ha perdido.

Tú puedes olvidar y a cada noche
Mil vueltas yo le doy buscando olvido.

Tú puedes olvidar, cómo quisiera
Olvidar como tú, sin un suspiro.

SONETO II

Qué se dirán, amor, esas veredas
Que nos vieron pasar juntos del brazo
Qué se dirán, amor, hoy que nos queda
Llevar entre los dos nuestro fracaso.

Qué se dirán, amor, aquellos árboles
Que marcamos con tantos juramentos
Qué se dirán si oyen nuestras voces
Discutiendo llevadas por el viento.

Qué se dirán, amor, esas estrellas
Qué se dirán al ver nuestras querellas
Qué se dirán, ya sé, no dirán nada.

Amores tan deshechos como el nuestro
Se ven tantos, amor, que por supuesto,
Las estrellas ya están acostumbradas.


Ramón Valdez, cuyo  Nom de Plume es Ramón de Almagro, debido al barrio en que ha vivido durante más de 60 años,  nació el 10 de Abril de 1934 en Arrecifes, ciudad al noroeste de la provincia de Buenos Aires. 
El poeta  dedicó la mayor parte de su vida a un negocio de almacén.  Sus actividades diarias lo mantenían suficientemente ocupado para brindar atención adecuada a cierta inquietud que estuvo latente durante toda su vida, muy al fondo de su corazón...  ¡la Poesía!  En 1996 la economía del país envió a pique gran cantidad de negocios y el almacén de este gran poeta no fue una excepción.  Al verse sin trabajo, Ramón decide continuar su educación atendiendo un plantel secundario del cual se gradúa en diciembre de 1998.  Fue durante ese tiempo que volvió a reencontrarse con la poesía.  Esta vez, su pasión venía acompañada de la necesidad, la cual obliga al poeta a publicar para comer.  Empieza a escribir y a publicar folletos que vende él, personalmente, en el “Subte” (Tren subterráneo)  “D”  El poeta lleva ahora una vida al igual que los antiguos juglares que iban de pueblo en pueblo recitando sus épicas y romances para obtener el sustento de cada día.  Y gracias a Dios, Metrovías y su personal, y a los pasajeros.  El poeta dedica tiempo completo a la escritura, publicación y venta de sus obras.

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