POETAS PUERTORRIQUEÑOS

POETAS DE PUERTO RICO

ANA INÉS BONIN ARMSTRONG
ANDRÉS CASTRO RÍOS
EVARISTO RIBERA CHEVREMONT
FRANCISCO ARRIVÍ
JOSÉ MARÍA LIMA
RENÉ MÁRQUEZ
VIRGILIO DÁVILA


MARIA BIBIANA BENITEZ


Aguadilla-Puerto Rico,1783-San Juan, 1873


LA NINFA DE PUERTO RICO
(Fragmento)

¡Salud, Santa Justicia, yo te adoro,
Tu bella luz derrama
Sobre este suelo de oro,
Que con solemne voto te proclama
Su tutelar consejo y su tesoro!

Del invicto monarca que te envía
Yo soy la predilecta,
Que sola presidía
En el ameno campo do reflecta
De eterna primavera claro día.

Pero el grande Fernando, cuyo pecho
En tu sagrado templo,
En làgrimas deshecho
Dijo desde el alcázar:
Te contemplo lejana,
Puerto Rico, de mi lecho.

A LA VEJEZ
(Fragmento)

¡Adiós los pasados días
De mi dulce juventud;
¡dos con la multitud
De glorias que fueron mías!

¡Oh, tristes, siempre sombrías
Memorias que me matáis!
Si a mi mente no os mostráis
Tales como entonces fuisteis,
¿para qué dichas me disteis
Si agora me las quitáis?

…En el inmenso taller
En que la vida fabricas,
Si todo lo haces perecer.
No te envidio tu poder,
Avara naturaleza,
De la mágica belleza
Artista sin corazón…


ALEJANDRINA BENITEZ DE GAUTIER


Mayagüez, Puerto Rico, 1819-1879

A MIS AMIGOS


Consuelo de mis horas de amargura 
tú de mi soledad la compañera. 
Benigna estrella de la noche oscura 
que enlutó de mi vida la carrera, 
tú que lloras mi triste desventura 
y murmuras mi súplica postrera 
inspiradora fiel del alma mía 
¡hija del cielo, divinal poesía!
Desciende a mi rogar, tu excelsa lumbre 
radie en mi frente fúlgido destello 
y disipe la inmensa pesadumbre 
que a mi existir impone duro sello. 
No de la inercia en la fatal costumbre 
el sentimiento pierda de lo bello. 
Ven a inflamar mi yerta fantasía 
¡hija del cielo, divina] poesía!
Del numen de los grandes, venerado 
del que inspira a los grandes trovadores 
del numen de la patria idolatrado 
quiero tan sólo las fragantes flores 
que aún de la tumba en el reposo helado 
será la patria siempre mis amores 
como eres tú encanto y mi alegría 
¡hija del cielo, divinal poesía!
Vuelve a mis manos la amorosa lira 
en que lloré perdidas ilusiones 
hoy más que nunca el corazón me inspira 
y me deslumbra mágicas visiones. 
Oigo un sonoro acento que respira 
de atractivo sentir, bellas creaciones 
y aspira entusiasmada tu ambrosía 
¡hija del cielo, divinal poesía!
Cuánto tiempo pasó, que en cielo triste 
conté las horas de mi amarga vida 
tú mi refugio, mi consuelo fuiste 
y la llama creadora ya perdida 
en piélago de llanto me volviste 
por tu aliento sagrado fue encendida 
no ya cual antes, dulce y placentera 
más siempre para mí libre y sincera.
Libre, sí, que jamás el necio alarde 
de la lisonja se humilló a mi frente 
que torpe adula el que nació cobarde 
o tiene de riquezas sed ardiente. 
Mi alma entusiasta ante la gloria arde 
adora la virtud blanda y clemente 
y de amistad al fuego sacrosanto 
entona puro y delicioso canto.
Por eso al veros, blandas fantasías 
vuelven a reanimar mi pensamiento, 
pasan radiantes los serenos días 
si los anima vuestro grato acento 
y al escuchar las dulces armonías 
que encomendáis a la región del viento 
en simpático acento arrebatada 
uno mi voz a vuestra voz amada.
Ella os dice que siempre y por doquiera 
en invisible comunión reunidas 
almas que pertenecen a una misma esfera 
aunque estén por la suerte divididas 
se encontrarán al fin de su carrera 
unas triunfantes, otras desvalidas.


FRANCISCO MATOS PAOLI


Lares (Puerto Rico);1915 - San Juan; 2000


MI VERSO

Mi verso es un misterio indefinible
un enigma sagrado e inmortal,
el ensueño de un amor imposible
el suspiro de un tímido cantar.
Es cual el ave que cruza impasible
por el cielo azul y el zafir del mar;
tras quimeras y sueños asequibles
y fantasías de un opiado soñar.
Envuelto en una niebla de dulzura
desgrano los cantares de mi verso
para el consuelo y ocio de mi ser.
Y sigo el sendero de mi ventura
esparciendo por todo el universo
las notas de mi verso rosicler.

Signario de lágrimas, 1931

MI VOZ

Porque el montón la paseó en el cieno,
bulle en la vena comunal y pobre.
Porque la vida le vedó la vida,
ella es motín de cruentos corazones.
Motín del corazón que es pulpa amarga
fenecida en un llanto de ilusiones.
Motín del pecho hirsuto
y de la carne deshauciada,
y del semblante tajeado
de ardores.
Ella es motín
y no
bienvenida de pájaros
y flores.
Canta el delirio gris
y el remolino gris
que desolla la frente de unos hombres.
Lleva sayal de hambre por los pobres.
Y repudia la feria trajeada
donde la luz se compra por dinero
y la paz en un cielo de ladrones.
Mi voz se hace grieta
en las bocas
que son hostias de hiel,
y balido de niebla
y rigidez de cobre.
Porque el montón la divorció del ocio,
es sangrienta su cuna,
cuna de la montaña,
cadáver verde,
páramo de temblores.
Y ésta mi voz será la mecha
que asustará la seda
y quemará la melodía
de los seráficos señores.
Por ella los relapsos
y las sombras honradas
encontrarán albergue
y yantarán un pan de resplandores.

Cardo labriego y otros poemas, 1937

PORQUE SOY EL POETA…

Porque soy el poeta,
befa mayor de la palabra,
debo tener el cielo dispuesto al mundo vano.
Y cuando chocan los seres,
qué impasible evasión, qué pábilo de lumbre
enterrada,
qué decisión baldía
hacer que todo poema se levante del ruido
y pueda representar la idea,
el fantasma infinito de los vuelos,
la eucaristía que se reconoce
en el modo de partir el pan.
Sé que el vecino hace un esfuerzo
grande
por ser hombre,
sé que debo hablar con armonía,
apaciguar el león que se come el crepúsculo.
De momento me enternezco,
me suelto en la corriente noble,
apabullo los astros con la mano y digo:
es mejor el silencio cuando se está tan muerto
y no podemos mejorar el día
común
prendido a nuestra lágrima.
Pero tengo que luchar y luchar.
Luzbel es la incomunicación,
el fácil deletreo que idiotiza,
el sedicente que
por abundancia de atmósfera
echa a perder el llanto,
ese tatuaje del olvido
que aún queda al encarnado.
Yo quisiera vivir
sin tener que ser profeta,
estar abierto en el agua como la flor de loto,
perder la huella de la noche,
no sostener más la perla del abismo,
huir hacia el cafeto florecido
que en simplicidad alaba.
Pero es imposible, Dios mío.
Si no enloquezco ahora,
¿qué será del semen de la imagen?
¿Para qué deseo el tieso
símbolo de los grandes congelados de la historia?
¿Para qué soy el patán
que se desvive en la memoria inasible,
todo rodeado de orillas,
todo poblado de insustancia,
todo clamante en el desierto?

Canto de la locura, 1962

POÉTICA

Flor silvestre que busca dúctil llama,
sencillez pulsada en armonía.
No el misterio sufriente que confía
negar la lumbre abierta al panorama.
Tampoco el claroscuro que, sin trama,
queda exánime y torpe en la poesía.
Tal vez el árbol con fluencia ansía
mudarse al cielo donde se proclama
la inocencia selecta con fervores.
Ese traje tupido en sinsabores
no me menciona ya, no me pelea.
Yo vibro en consonancia decidora
con el ángel virtual que se colora
dentro del arrebato de la idea.

Dación y milagro, 1976
 —

JOSÉ GAUTIER BENÍTEZ


Caguas-Puerto Rico, 1848-1880


EL POETA

Nace, vive y adelanta
Por la senda de la vida,
Y al recibir una herida
La cítara toma y canta;
Y la turba se divierte
Con él que, fija en el cielo
La mirada, por el suelo
Do lleva el paso no advierte.
Él se queja, y mientras tanto
Se le escucha sonriendo,
Quizás a veces creyendo
Que son ardides del canto.
Y en su profunda aflicción,
De sus canciones benditas,
¡Cuántas, cuántas van escritas
Con sangre del corazón!
Aunque el genio el canto exhale
Canta al par dolor y gloria
Que el laurel de la victoria
Cuesta más de lo que vale.
Y al esparcir gloria y luz
Del mundo en el escenario,
Encuentra en él su calvario
Y su martirio en su cruz.
Si Jesús en su suplicio
Llegando el último instante,
Desencajado el semblante,
Consumado el sacrificio,
Entre el ronco vocerío
Del pueblo que le insultaba
Con dulce amor exclamaba:
«¡Perdonadlos, Padre mío!»
Si su frente desgarrada
Por la sangrienta corona
Al suelo inclina y abona
La clemencia su mirada,
También el bardo, al sentir
Que se acerca su partida
Sintiendo luchar la vida
Con las ansias del morir,
Venciendo su mal profundo
De su lecho se levanta,
Su cítara toma, y canta
Como el cisne moribundo.
Siendo aquél su último canto
De su eterna despedida,
Pura esencia de su vida
Y perfume de su llanto,
Que cuando la frente inclina
Al peso de su corona,
¡También bendice y perdona
Al mundo que le asesina!

INSOMNIO

Cuán largas son las horas
de sufrimiento!
Cuán tristes son las noches
de los enfermos!

Por el día, los ruidos
y el movimiento;
el calor de los rayos
de un sol de fuego,
y la brisa que pura
restaura el pecho;

El jugar de los niños,
siempre contentos,
El estar en la casa
todos despiertos,
la abundancia de vida
y el bien ajeno,
Sobre los propios males
extiende un velo.

Mas cuando el sol se oculta,
y en el silencio
acrecienta las penas
insomnio eterno,
y cruzamos el mundo
de los recuerdos
amargando el presente
goces que fueron;

Cuando sólo se escucha
rugir el viento;
el reló perezoso
marcando el tiempo,
y el respirar forzado
de nuestro pecho.

Cuando no hay en la casa
risas ni juegos;
Cuando todos dormidos
parecen muertos
y cuando ya la aurora luce
en el cielo,
corona de zafiros,
manto de fuego,
y a la luz de la vida
y el movimiento
el mundo se despierta
feliz, risueño,
el reposo buscamos,
y sobre el lecho
se desploma el rendido
mísero cuerpo,

Los que pasáis la noche
placer bebiendo,
en el baile y la orgía,
teatro y concierto,
el espíritu alegre,
robusto el cuerpo,
que ignoréis siempre, siempre,
pido en mi ruego,

¡Cuán largas son las horas
de sufrimientos!
¡Cuán tristes son las noches
de los enfermos!

 — 

DIANA RAMIREZ DE ARELLANO


De Puerto Rico
Nueva York, Estados Unidos de América, 1919 - 1997


HAY UN POEMA SOLO

Como cortezas vivas, los sintagmas
o magma o savia o plasma
o como linfa niña piel del agua
las partes amorosas se separan.
Igual que carne y uña violadas
como corteza viva, la palabra.
La muerte como verso;
no muerte como sueño.
Tu y yo recreando un nuevo ritmo:
la muerte como un hijo.
Lo supo bien el Cid –los ojos manan.
Ojos quieren tañer sus dos campanas
doblemente partidas.
La muerte como hijas.
Pero a la sangre nunca se le ordena;
no confunde su huella, habita en ella.
La sangre nunca olvida la razón,
la última versión
lúcida con que espesa
el sello de la espera.
En su imagen total
el duro verso, ya
en trance de semilla
su códice transmite a la otra orilla.
El duro esfuerzo recompone el vaso
siempre del mismo barro
edénico y sencillo.
La muerte es como niña o como niño.
El mundo se transforma
tras cada luna rota.
Hiato en el Poema,
la muerte es la promesa,
recurso separable, nacimiento
que ensancha el universo
la pausa inescapable que obediente
–sagrada es la medida de la muerte–
divide en apariencia;
elige, urge, anuncia otra evidencia,
transforma, capta, abre ritmo desconocido
libre ya del delito y del castigo
a la Palabra del principio vuelves
conjugándose aquí humildemente
el Verbo para ti se vuelve Canto
ah pero, Anita, el llanto,
el llanto es para todos.
Hay un poema solo.


JULIA DE BURGOS

Carolina, Puerto Rico, 1914 - 1953


MEDIA NOCHE

Se ha callado la idea turbadora
y me siento en el sí de tu abrazo,
convertida en un sordo murmullo
que se interna en mi alma cantando.

Es la noche una cinta de estrellas
que una a una a mi lecho han rodado;
y es mi vida algo así como un soplo
ensartado de impulsos paganos.

Mis pequeñas palomas se salen
de su nido de anhelos extraños
y caminan su forma tangible
hacia el cielo ideal de sus manos.

Un temblor indeciso de trópico
nos penetra la alcoba. ¡Entre tanto,
se han besado tu vida y mi vida...
y las almas se van acercando!

¡Cómo siento que estoy en tu carne
cual espiga a la sombra del astro!
¡Cómo siento que llego a tu alma
y que allá tú me estás esperando!

Se han unido, mi amor, se han unido
nuestras risas más blancas que el blanco,
y ¡oh milagro! en la luz de una lágrima
se han besado tu llanto y mi llanto...

¡Cómo mueren las últimas millas
que me ataban al tren del pasado!
¡Qué frescura me mueve a quedarme
en el alba que tú me has brindado!

CANCION DESNUDA

Despierta de caricias,
aún siento por mi cuerpo corriéndome tu abrazo.
Estremecida y tenue sigo andando en tu imagen.
¡Fue tan hondo de instintos mi sencillo reclamo!

De mi se huyeron horas de voluntad robusta,
y humilde de razones, mi sensación dejaron.
Yo no supe de edades ni reflexiones yertas.
¡Yo fui la Vida, amado!
La vida que pasaba por el canto del ave
y la arteria del árbol.

Otras notas más suaves pude haber descorrido,
pero mi anhelo fértil no conocía de atajos:
me agarré a la hora loca,
y mis hojas silvestres sobre ti se doblaron.

Me solté a la pureza de un amor sin ropajes
que cargaba mi vida de lo irreal a lo humano,
y hube de verme toda en un grito de lágrimas,
¡en recuerdo de pájaros!

Yo no supe guardarme de invencibles corrientes
¡Yo fui la Vida, amado!
La vida que en ti mismo descarriaba su rumbo
para darse a mis brazos.

YO FUI LA MAS CALLADA

Yo fui la más callada
de todas las que hicieron el viaje hasta tu puerto.

No me anunciaron lúbricas ceremonias sociales,
ni las sordas campanas de ancestrales reflejos;
mi ruta era la música salvaje de los pájaros
que soltaba a los aires mi bondad en revuelo.

No me cargaron buques pesados de opulencia,
ni alfombras orientales apoyaron mi cuerpo;
encima de los buques mi rostro aparecía
silbando en la redonda sencillez de los vientos.

No pesé la armonía de ambiciones triviales
que prometía tu mano colmada de destellos:
sólo pesé en el suelo de mi espíritu ágil
el trágico abandono que ocultaba tu gesto.

Tu dualidad perenne la marcó mi sed ávida.
Te parecías al mar, resonante y discreto.
Sobre ti fui pasando mis horarios perdidos.
Sobre mi tú seguiste como el sol en los pétalos.

Y caminé en la brisa de tu dolor caído
con la tristeza ingenua de saberme en lo cierto:
tu vida era un profundo batir de inquietas fuentes
en inmenso río blanco corriendo hacia el desierto.

EL HOMBRE Y MI ALMA

¡Qué caricia larga de acción me sube por las venas
anchas de recorrerme!

Me veo inmóvil de carne esperando la lucha
entre el hombre y mi alma,
y me siento invencible,
porque mi ahora es fuerte columna de avanzada
en la aurora que apunta,
es grito de corazón vacío en la nave del mundo,
es esfuerzo de ola tendido en playa firme
para arrasar calumnias de las conciencias rotas.

Entre el hombre y mi alma
se ha cruzado la espada...
(La mente es una intérprete que traduce la fuerza
en ideas que avanzan.)

De mi lado se bate la conciencia del hombre
en un sol de principios sobre el soy de las almas.

En la mano del hombre se defiende la hueca
escultura de normas sobre el tiempo moldeada.

Ha sonado la lucha...
Y me siento intocada...
Estoy sobre los siglos con fiereza de olas...
¡Nadie palpe la sombra que mi impulso ahuyentara!

DONDE COMIENZAS TÚ

Soy ola de abandono,
derribada, tendida,
sobre un inmenso azul de sueños y de alas.

Tú danzas por el agua redonda de mis ojos
con la canción más fresca colgando de tus labios.
¡No la sueltes, que el viento todavía azota fuerte
por mis brazos mojados,
y no quiero perderte ni en la sílaba!

Yo fui un día la gaviota más ave de tu vida.
(Mis pasos fueron siempre enigma de los pájaros.)

Yo fui un día la más honda de tus edades íntimas
(El universo entero cruzaba por mis manos.)

¡Oh día de sueño y ola...!
Nuestras dos juventudes hacia el viento estallaron.

Y pasó la mañana,
y pasó la agonía de la tarde muriéndose en el fondo de un lirio,
y pasó la alba noche resbalando en los astros,
y pasó la extasiada juventud de la aurora
exhibiéndose en pétalos
y paso mi letargo...

Recuerdo que al mirarme con la voz derrotada,
las dos manos del cielo me cerraron los párpados.

Fue tan sólo una ráfaga,
una ráfaga húmeda que corto mi sonrisa
me izó en los crepúsculos entre caras de espanto.

Tú nadabas mis olas retardadas e inútiles,
por poco me parto de dolor esperando...

Pero llegaste, fértil,
más intacto y más blanco.
me llevaste, épico,
venciéndote en ti mismo los caminos cerrados.

Hoy anda mi caricia
derribada, tendida,
sobre un inmenso azul de sueños con mañana.

Soy ola de abandono,
tus playas ya saltan certeras, por mis lágrimas.

¡Amante, la ternura desgaja mis sentidos...
o misma soy un sueño remando por tus aguas!

 —

LUIS PALÉS MATOS


Guayama-Puerto Rico 1898-1958


NEUROSIS

Yo no sé si soy sonámbulo o neurótico;
siento algos en el alma, y no son míos...
El ambiente me sofoca, como a exótico
en un pueblo enteramente de judíos.

Vivo en ml y no comprendo; hormigueos
van abriendo filtraciones de erotismo
en mi pecho, y un enjambre de deseos
mancha ci cisne de mi estricto misticismo.

Poco a poco de mi juicio van comiendo
y un volcán de efervescencia promoviendo
al tocar de mis recuerdos el tropel;

que se agitan como cuervos plutonianos,
como duendes, como brujas, como enanos
del imperio revoltoso de Luzbel.

EL BESO

El champagne de la tarde sedativa
embriagó la montaña y el abismo,
de una sedosidad de misticismo,
y de una opalescencia compasiva.

Hundiste el puñal zarco de tu altiva
mirada en mis adentros, y el lirismo
cundió mi alma de romanticismo:
rodó la gema de la estrofa viva.

Entonces gimió el cisne de mi ansia,
por el remanso lleno de arrogancia
de tus ojos nostálgicos y sabios;

y la dorada abeja del deseo,
en su errante y sutil revoloteo
buscó el clavel sangriento de tus labios.

FRONTIS

Lector, vas a beber en una fuente,
donde al bajar el labio y la mirada,
encontrarás tu imagen retratada
en la seda de su onda transparente;

vas a beber el agua de un torrente
hecha de Todo y en resumen Nada,
que sabe de la estrella inmaculada
y de la sima negra y atrayente...

Ese es mi verso; profundiza un poco.
No compadezcas mi dolor, si loco
te lanza entre la sombra su saeta;

sigue, a tientas quizás: Jasón perdido,
y toparás al cabo sorprendido,
el vellocino de oro del poeta.

MEDIA NOCHE

Este silencio lleno de morfina
goza un mareo de profundidades,
donde el alma poética se inclina
atisbando soñadas claridades;

y se pierde en la sed, de una divina
procesión de simbólicas beldades:
novia blanca, y azul, y cristalina,
novia llena de espiritualidades.

Las doce de la Noche. Muy aprisa
pasa el arco invisible de la brisa
sobre el cordaje rudo de la fronda;

y el soñador bohemio, bajo una
borrachera, vacua ante la luna
que le clava su hostia pura y honda.

EL POZO

Mi alma es como un pozo de agua sorda y profunda
En cuya paz solemne e imperturbable ruedan
Los días, apagando sus rumores mundanos
En la quietud que cuajan las oquedades muertas.

Abajo el agua pone su claror de agonía:
Irisación morbosa que en las sombras fermenta,
Linas que se coagulan en largos limos negros
Y exhalan esta exangüe y azul fosforescencia.

Mi alma es como un pozo; el paisaje dormido
Turbiamente en el agua se forma y se dispersa,
Y abajo en lo más hondo, hace tal vez mil años,
Una rana misántropa y agazapada sueña.

A veces, al influjo lejano de la luna,
El pozo adquiere un vago prestigio de leyenda:
Se oye el cro-cro profundo de la rana en el agua
Y un remoto sentido de eternidad lo llena.

 —