POETAS VENEZOLANOS


ALEJANDRO OLIVEROS
ALFREDO CORONIL HARTMANN
ALFREDO SILVA ESTRADA
ALIRIO UGARTE PELAYO
ANA ENRIQUETA TERÁN
ANDRÉS ELOY BLANCO
ANDRÉS MATA
ÁNGEL MIGUEL QUEREMEL
AQUILES NAZOA
ARMANDO ROJAS GUARDIA
ARTURO USLAR PIETRI
CARLOS AUGUSTO LEÓN
CLARA VIVAS BRICEÑO
CRUZ SALMERÓN ACOSTA
ELEAZAR LEÓN
ELENA VERA
ENRIQUE MUJICA
ENRIQUETA ARVELO LARRIVA  
EUGENIO MONTEJO
FERNANDO PAZ CASTILLO
FRANCISCO PIMENTEL AGOSTINI (JOB PIM)
GUILLERMO SUCRE FIGARELLA
HUMBERTO TEJERA
IDA GRAMCKO
 ISMAEL URDANETA
JEAN ARISTEGUIETA
JESÚS SANOJA HERNÁNDEZ
JOSÉ ANTONIO RAMOS SUCRE
JUAN ANTONIO PÉREZ BONALDE
JUAN BEROES
JUAN LISCANO VELUTINI
JULIO ZERPA
LEONARDO PADRÓN
LUIS ALBERTO CRESPO
LUIS YÉPEZ
LUZ MACHADO
MANUEL FELIPE RUGELES
MARÍA CALCAÑO
MIGUEL OTERO SILVA
MIYÓ VESTRINI
MONS. LUIS EDUARDO HENRÍQUEZ JIMÉNEZ
PÁLMENES YARZA
PEDRO FRANCISCO LIZARDO
RAFAEL CADENAS
RAFAEL LÓPEZ TRUJILLO
RAMÓN PALOMARES  
REYNALDO PÉREZ SO
ROBERTO MONTESINOS
RUFINO BLANCO FOMBONA
VICENTE GERBASI

ROSA VIRGINIA MARTÍNEZ























Maracaibo-Venezuela, 1915-1983

Con alto aprecio dedico al Dr. José Antonio Campos Delgado,
Mecenas de este libro.
R. V. M.

DESNUDO EL CORAZÓN

¡Oh, si todos fuésemos
por la vida
con el corazón desnudo!
Si el pecho fuera de cristal,
tan claro y tan fino,
que nada en el mundo
pudiera cubrirlo:
ni la seda,
ni la noche,
ni las montañas,
ni los mares,
ni la muerte.

Si pudiéramos ver
todos los corazones
a través del pecho:
¡Cuán luminosos unos,
cuán tenebrosos otros!
Corazones cantando,
corazones llorando.
Corazones llagados
y encadenados
a los odios
y a la sombra
de la avaricia y del mal.

Cuántos corazones
turbios
como el de Midas y Judas.
Cuántos corazones negros
como aquel de Torquemada,
que viven siempre deseando
la terrible inquisición.

Si todos llevásemos
el corazón a flor de piel
para reír y cantar:
cuántos hombres
como niños,
y niños como ángeles:
alegres de claridad.

Vamos a pedirle a Dios
que nos deje el corazón
desnudo.
Vamos todos los hombres
y las mujeres de la tierra.
Pero nadie se mueve.
¡Nadie!
Tal vez Jesús y Gandhi,
y otro puñado de hombres
en cada ciudad del mundo,
se hubiesen movidopara pedirle a Dios
que nos deje el corazón
¡Desnudo!


LA PALABRA INICIAL

Al amigo Dr. Carlos Gil Rincón,
Afanoso investigador del mundo de la mente.

¿Quién pronunció la
primera palabra en el mundo?
¿Fue de amor o de dolor?
¿Quién?
¡Tal vez el agua, el viento
o la lejana estrella!

¿Quién enseño al hombre,
a llorar y a reír como los ángeles?

Es tan difícil saber
quién caminó con la primera aurora.
Cada siglo del pasado
es una puerta de extraviadas
llaves;
a la cual,
muchos sabios como Darwin
han llamado.Y aún cuando pudiésemos
mirar hasta la Edad de Piedra
o más allá
por la vieja cerradura;
no sabemos si fue de
amor o de dolor
la palabra inicial.

No sabemos nada ¡nada!
del hombre UNO que apareció
en la tierra.
Después:
diez, cien, mil, un millón,
más un millón, más un millón,
más un millón…
Y se agotan los números,
pero los hombres
siguen llegando a la tierra
incesantemente;
e incesantemente,
nos preguntamos unos a otros;
pero nadie sabe nada:
ni yo, ni tú, ni ellos…

Acaso, y acertadamente
¿responderán los hombres
que llegarán después?

¡Es tan breve la vida!

Caminamos todos losdías,
hacia los meses y los años;
hacia la aurora
de un nuevoamanecer…
Hacia las estrellas,
hacia lo eterno,
hacia el MAS ALLA.

¡Cuántos cardos
en el camino.
Cuántos guijarrosy sinsabores;
pero llegaremos
para que se cumpla el:
“nacer, morir,volver a nacer,
tal es la ley”!

Muchas veces
he deseado,
quedarme un siglo
o más,
descansando a la sombra
de un ciprés;
pero este árbol
también se va y regresa,
en cada semilla
que cubre la tierra.

Nadie ha logrado
aferrarse a la vida,
hasta ver encanecerá las estrellas.

Nadie ha visto secar
un océano,
ni el lento diluir
de una montaña.

¡Es tan breve la vida!

Caminar.
Caminar de este mundo
a otros.
Ir y volver,
-como del trabajo a la casa-
pero cada vez
más cerca de la cima,
más cerca de la luz
y de lo Increado.
Cada vez,
más cerca de la Verdad.

RAFAEL LÓPEZ TRUJILLO


Maracaibo 1898-Caracas - Venezuela, 1972

TODAVÍA

De nuestro amor, que se esfumó en la nada,
queda un florecimiento de sonrojos,
un rastro mustio de claveles rojos
y la ceniza de una llamarada.

De nuestro amor, sonido y campanada
en la torre ideal de mis despojos,
queda el hechizo blondo de tus ojos
mirando mi caricia mutilada.

De nuestro amor, que se murió en la sombra
queda un deslumbramiento que te nombra
y una línea fatal que te dibuja.

Surges de entre lo azul de mi destino,
como surge en el vértice del vino
el ensueño fugaz de la burbuja...

RUFINO BLANCO FOMBONA























Caracas-Venezuela,1874-Buenos Aires, 1944

LA VISIÓN

Olor de rosas y batir de alas
me despertaron en la celda umbría.
Me despertaron, no; que no dormía.
Pésima noche entre mis noches malas.

¿Quién eres, di, le pregunté, que exhalas
tal fragancia y frescor, epifanía?
Tomó en sus manos la cabeza mía
de pelo en greñas y de barbas ralas.

Giró la vista en torno al calabozo;
creí escuchar un íntimo sollozo,
ynada... la visión desaparecía.

Algo llevóse y algo me dejaba.
Me incorporé sobre el jergón. ¿Soñaba?
Era... la que era. ¡Y no la conocía!

JEAN ARISTEGUIETA























Guasipati-Edo. Bolívar, Venezuela, 1925-1995

UN JARDÍN PARA LA MUERTE

Homenaje a Teresa de la Parra

Del tallo solitario del olvido
se desnudó la flor de su recuerdo
semejante a la niebla prisionera
en aire de cristal inaccesible

Tocaba su sueño de melancolía
la rosa con su claustro desvivido
de nieve errante sin hallar destino
en amarillo frío de renuncia

De su antigua esperanza terrenal
el encendido amor se derrumbó
como ángel de ceniza laberinto
sellado por las aguas del adiós

Muerte que tiene máscara y diamante
para cubrir la sangre y sus perfiles
muerte que diste desolada trama
a una imagen devuelta a las tinieblas.

MIYÓ VESTRINI









































Francia, 1938-Venezuela, 1991


REYNALDO PÉREZ SO























Caracas-Venezuela,1945

PARA MORIRNOS DE OTRO SUEÑO

¿Piensas en los meses de lluvia?
¿es que habrá algún tiempo
donde pueda sonreírse
sin arrepentimiento?

amé
¿y acaso qué he guardado?

sé que soy la causa
de algún mal

nada encuentran
sino este ser que calla
y que nada sabe
como el viento.

no me importo
porque yo no soy
un hecho de importancia

como mi padre
o
como mi madre
ellos eran diferentes
o el pedazo de tierra
tras la casa

eso era mas importante.

yo debo creer
en dios
por eso me da miedo
correr por este lado del río

escucho a veces el rumor
de su voz gruesa
y el fuego silbando
por amanecer

otras
me siento pequeño
y camino

está frente a mí
mirándome

esta es una silla
sólo una silla
en ella
se sentó mi padre
mis hermanos
todos
mis mejores amigos

ahora
está sola
sin nadie

una silla

los que soñamos
sentimos el sueño más hermoso

nos morimos temprano
porque no somos sueños
ni pájaros
y el aire no pesa

sin embargo con todo
volvemos cada noche

para morirnos de otro sueño.

una imagen de la lluvia
cae
y de pronto los pájaros
se levantan

de la hierba
no hace ningún viento
oigo música.

(los pájaros vuelan)

en el campo
abierto
veo

sólo

y la propia imagen
de la lluvia
me lleva.

RAFAEL CADENAS


















Barquisimeto-Venezuela, 1930

ARS POÉTICA

Que cada palabra lleve lo que dice.
Que sea como el temblor que la sostiene.
Que se mantenga como un latido.

No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa ni añadir
brillos a lo que es.
Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad.
Seamos reales.
Quiero exactitudes aterradoras.
Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso mis
palabras. Me poseen tanto como yo a ellas.

Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira, señálame
la impostura, restriégame la estafa. Te lo agradeceré, en serio.
Enloquezco por corresponderme.
Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.

(De Intemperie, 1977)

JUAN LISCANO VELUTINI



Caracas-Venezuela, 1915-2001

MAREA VIVA

Como la ola pero no como la mar inacabable
como la ola solamente que nace y se derrumba
como la ola que muere de su propio impulso
que se expande rugiente y se estrella espumea destella
hasta abolirse en la ribera o regresar a su origen
como la ola que es un temblor del tiempo
tú y yo sobre la playa
frente a las olas
en el tiempo que nos destruye y nos repite.

Más tarde
después
cuando no estemos
¿verán otros ojos este mismo movimiento
con los ojos de quienes lo contemplamos ahora?
¿podremos asomarnos a aquella mirada?
¿tendrá la nostalgia en otros labios
sabor a salitre
como ahora la tiene en tus labios?
¿Despedirán las aguas descendentes
este profundo macerado olor sulfuroso
levemente carnal y carnívoro
que evoca despojos de líquenes de algas de mariscos?
si así fuese: ¿los sabrán nuestros polvos
lo sabrá nuestra muerte?

Desde lo profundo del otoño marino
te invito a subir hacia el día futuro clarísimo
en que alguna pareja enlazada
semejante a la nuestra
al contemplar las olas que rompen destellan espumean se abolen
pensará en la muerte uniforme general
pensará en la suya y en quienes más tarde
podrán perpetuar la mirada con que se aman ahora
la mirada con que también ven moverse las olas
en el tiempo sien duración que las repite y las destruye.

Acaso sientan ellos entonces vivir su eternidad.
Acaso la sentirán como si fuera el firmamento
acaso empiecen a ascender hacia su nebulosa
como las aguas vivas del mar en tiempos de equinoccio.

HUNDIMIENTOS DE LA COSTUMBRE

Brotes. El viento construye ciudades
(quien las ve no las ha visto).
Silencio: súbita elocuencia.
Y una luz inmediata
que no deja tomar aliento.

No es el tiempo el que corre
somos nosotros quienes pasamos
iluminados por un lado o en sombras
ahogados o clamorosos.
Somos la referencia del tiempo
la irremediable certidumbre de destrucción
las ruinas por venir las contingencias
y la memoria que de pronto cesa
se expanden la ausencia el vacío
palpita el recuerdo entre los que nos miran morir
empiezan el despojo
las liturgias del luto
los vestigios devorados día a día por el olvido
las descomposiciones activas
el polvo
el pasaje desconocido hacia el enigma.

Debe haber algún lugar en nosotros mismos
donde cesa el combate de los contrarios
y no se juega más a cara o cruz
donde las cosas brillan con propia lumbre
y la mirada resplandece en el silencio
dominios de doble blanco
donde se unen el agua y el fuego sin violencia
y nieva en el trópico sin cambiar de clima
y los hielos eternos calientan el cuerpo
y podemos vernos nacer y morir
en un movimiento de duna que se desliza
o viajar en constantes de años-luz
hacia ayer para corregir las desgracias
o hacia mañana para anticipar los trabajos
detener los vencimientos
antes de hundirnos en algún núcleo
en algún hervor en alguna inmanencia
sustraídos al tiempo
máscara de la eternidad.

PAREJA SIN HISTORIA

Se acarician. Se bastan.
Están colmados por ellos mismos
colmados por la sed sensual del otro.

Se conocieron ayer:
llevan siglos de parecerse
de abrazarse en las paredes siempre únicas
de reconocerse en todos los lugares
donde el sueño esconde su tesoro
donde la dicha deja a la nostalgia
donde nunca estuvieron
donde están.

Aroma de piel ramajes íntima penumbra
labios que besan por la herida
rostro asomado al secreto del rostro que lo refleja
palabras que se derriten por los dedos
semejanzas descubiertas con delicia
apetencias de olvido y de sabores no probados
mientras se inventan paraísos sin castigo
y se cuentan a tientas el alma
mientras asumen el destino de las frutas
y la vida fulgura en ellos
con sus “siempre” y sus “nunca” efímeros
con sus “primera vez” repetido hasta el final
con sus partes confundidas cual miembros que el amor enlaza.

Hasta ellos no alcanza el rumor de la urbe
o será más bien que no lo oyen
que lo cubre el susurro con que se aman
que lo dispersa el soplo que se dan.

Se huelen se gustan se desean.
La libertad que encuentran los deslumbra.
Ascienden en una isla espacial entre los astros.
Pareja sin Historia
pareja constelada.

Se miran a sí mismos en el otro.
Ella aparece abierta impúdica ojerosa tremulante
él: enhiesto obsceno avisor posesivo
ella: contráctil húmeda gimiente umbría
él: herido llameante solar fulminado.

¡Cuánto abandono momentáneo!¡Cuánto triunfo!
Pueden equivocarse gozosamente
confundir las imágenes del deseo espejado
fundir los sabores de sus bocas
perderse juntos en el placer del otro
fluir de manantiales en arroyos
de arroyos en raudales de raudales en ríos
hasta el mar hasta volcarse en la unidad del origen
en el espacio pletórico y vibrante
donde cada movimiento se transmite de polo a polo
donde flotarán donde están flotando
como dos hipocampos entregados al rito nupcial.

Aflojan las redes y los nudos milenarios
arrojan de sí el pasado las cáscaras los trapos
viento propicio borra las huellas mezcla arenas y estrellas
le dan la espalda a la memoria hueca
para ser cresta de una ola
para ser cresta espuma sortilegio
cielo de mar espacio palpitante que rompe en sales
y en la cresta de esa ola de caballos tornasolados
que recorre de punta a punta el tiempo como una playa
me arrojo contigo!
¡la corro contigo hasta el final del día!
¡sobre su filo tú y yo somos jabalina y destello!
¡vivan este esfuerzo estos besos esta presencia única!
¡vivan este júbilo del mar los cuerpos aparejados!
¡nuestro almizcle que huele a marisco y a gato montés!
¡el relámpago en que nos dormimos juntos!