ROBERTO LEDESMA




Argentina, 1900


CIERTO AIRE, CIERTA LUZ

Pienso en todas las veces que he amado,
y, en vez de un rostro de mujer, evoco
cierto aire, cierta luz que no he soñado,
y que si existen no lo sé tampoco.

Tal vez el corazón estaba loco,
y lo de entonces se le habrá olvidado;
alguien, esto es verdad, iba a mi lado,
y todo lo demás era muy poco.

O ea la misma cosa indefinida,
cierta luz, cierto aire que se olvida;
eso que ahora llamo y no responde.

Dos sombras que se iban agrandando
sobre una senda de quién sabe dónde,
en otro tiempo, no me acuerdo cuándo.


Roberto Ledesma nació el 27 de julio de 1901 en una casa ya desaparecida de la calle Charcas al 4000. Uno de sus abuelos fue Pepe Posse, el gran amigo de Sarmiento. Tenía diez años cuando su familia se mudó a Hidalgo y Chubut (actual Ángel Gallardo), hoy barrio de Caballito y entonces casi la pampa. El poeta recordaría siempre ese paisaje que describió en su novela para niños Juan Sinruido. Durante el bachillerato, en el colegio Mariano Moreno, colaboró en revistas estudiantiles y después de interrumpir los estudios de medicina, a los 20 años, empezó a enviar colaboraciones poéticas a la revista El Hogar e ingresó como periodista en el diario La Razón. Allí reencontraría a quien había sido uno de sus amigos de infancia, Córdova Iturburu. Por esa época colaboró además en Caras y Caretas.

Esto ocurría a comienzos de la década del 20, años de efervescencia literaria en que los jóvenes ultraístas, acaudillados por Borges, creaban revistas en las que se rechazaban los magisterios de Darío y de Lugones, proclamando una nueva sensibilidad poética. Ledesma no se sintió particularmente atraído por esa belicosa corriente literaria y mantuvo una secreta devoción por el autor de Cantos de vida y esperanza. No obstante, publicó en la revista Martín Fierro alguna colaboración. Sus versos de inspiración clásica y con fuerte impregnación neorromántica, no se ajustaban a los propósitos renovadores de sus colegas, por lo que prefirió destinar a la mencionada revista prosas. Los sonetos, coplas y demás composiciones de Ledesma están hechos de versos nítidamente dibujados, sobrios, de serena fluencia. El poeta se mantuvo fiel a sí mismo, a un concepto apolíneo y vital de la poesía, género en el que debía resplandecer, a su juicio, la claridad, el sentimiento, y un insoslayable anhelo de comunicación.

Pocas semanas antes de que muriera, a los 65 años, tras una prolongada agonía, La Nación publicó su último poema, un soneto titulado «Recuerdo de un caballo». Esos versos hablarán de Roberto Ledesma mucho mejor que cualquier texto crítico o unas simples palabras de homenaje, como las que acabo de pronunciar.

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