RICARDO ADÚRIZ


Argentina, 1943


LA DESPEDIDA

Dios es testigo. A mi más me valdría
cerrar los ojos y quedarme mudo.
No diré adiós. Quizá, por lo que pudo
haber sido y no fue,mejor sería

Poner punto final, cerrar el día.
Cerrarlo y olvidar. ¡Arbol desnudo
donde creció el amor!, ya no lo dudo,
diré: “árbol final de mi alegría”.

¡Vivir sin recordar!... Y yo quisiera
decir: sólo hay caminos de regreso,
caminos sin la eterna despedida.

Dios es testigo. Al fin, la verdadera
palabra se ha quedado en aquel beso.
No diré adiós. Diré: nada se olvida.

"Los poemas de amor más bellos del mundo"
Atlántico Sur Editor

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