GUY DE MAUPASSANT


"Un beso legal nunca vale tanto como un beso robado."
Guy de Maupassant
Dieppe-Francia, 1850 - París, 1893



INSOLACIÓN

Fué en un día de junio. Repicaban a gloria
Alegre circulaba por las calles la gente.
Sin yo saber por qué, marchaban sonriente,
borracho de bullicio y exultante de euforia.
El sol multiplicaba mi secreta energía,
se metía en mi sangre, calaba en lo profundo.
Me acometió el hervor y el éxtasis jocundo
que Adán debió sentir al ver que el sol nacía.
Una mujer pasaba; sus ojos clavó en mí.
¿Que rayo de mirada de fuego me lanzó?
¿Qué vena de locura mi alma conturbó?
Fué como un arrebato, fué como un frenesí.
Tuve un súbito impulso de arrojarme sobre ella,
de estrecharla en mis brazos, de marcar en sus rojos
labios, con loco anhelo, de los míos la huella.
Una nube de sangre se me agolpó a los ojos.
Veía estrujándola con un beso satánico;
la doblo, la derribo, y después de que sacio
mi pasión, la levanto con impulso titánico,
doy con el pie en la tierra y me lanzo al espacio.
La llevo por la ardiente catarata de sol,
su pecho con mi pecho, su aliento con mi aliento,
volando entre la gloria del ancho firmamento.
Cada vez la estrechaba con impetu más fuerte.
La miré. ¡Con mi abrazo habíale dado muerte!

NOCHE DE NIEVE

La llanura está blanca, sin voz ni movimiento
Ni un ruido, ni un sonido; la vida se ha apagado.
Solo se escucha a ratos el fúnebre lamento,
que en un rincón del bosque lanza un perro extraviado.
No hay en el aire cánticos ni parvas en las eras.
Calló sobre los campos el invierno ceñudo.
Los árboles semejan fantasmas o quimeras
y cubren con sudarios su esqueleto desnudo.
La luna lleva prisa, parece que está yerta;
su redondez resbala por el azul de hielo,
mira triste a la tierra, y al verla tan desierta
huye por los espacios perdiéndose en el cielo.
Fantástica cascada de frío son sus rayos
vertiéndose en la helada llanura, y a lo lejos
la palidez difusa que siembra en sus desmayos
espejea en la nieve con siniestros reflejos.
¡Pobrecitos los pájaros sin cobijo abrileño!
Sopla entre escalofríos el viento en la alameda
y por mucho que ahuequen su plumaje de seda,
sus patitas se hielan y huye de ellos el sueño.
En las ramas desnudas, que tienen piel de hielo,
entre las frialdades de luna, viento y selva,
tiritan desvalidos, con un piar muy leve,
y esperan a la aurora, que acaso nunca vuelva.

http://www.iesxunqueira1.com/maupassant/poesia.htm

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