PILAR BARRIOS


Rocha - Uruguay, 1889 - Montevideo, 1974

¿Que son esas sombras que hay en lontananza?


¿Las fauces enormes de un monstruo que avanza, con los ojos llenos de voracidad?

¿El signo fatídico de algún maleficio, que
el orbe recorre, como un indicio
de que ha de caer sobre la humanidad?

Cruzan el espacio extraños tropeles
como si millares de briosos corceles
a un compás hicieran sus cazcos sonar.

Trepidar de aviones y ferrocarriles,
como si metrallas, cañones, fusiles,
sus voces de acero hicieran vibrar.

Es un tropel trágico que la brisa eleva,
y envuelto en sus alas por doquier lo lleva
en su interminable rodar y correr:

un tropel que espanta y en los oídos zumba
cual si fueran voces que desde ultratumba
maldicen el crimen, perpetrado ayer...

Tratados, acuerdos, grandes conferencias,
a diario celebran las grandes potencias,
sin que de ello nada resulte eficaz,

por que a sus "derechos" cada cual se aferra,
y si asi es, ¿quién duda que irán a la guerra
por los mismos medios que buscan la paz?

Mientras la miseria reina soberana,
y de seres hambrientos una caravana
pasea por el mundo su desolación,
talleres, estudios y laboratorios
hanse convertido en grandes emporios
de armas e implementos para destrucción!

¿Es que lo pasado todavía no alcanza?
¿La masacre horrenda no dejó enseñanza,
ni hirió el sentimiento de la humanidad?

¿O es que tanta sangre como se vertiera,
despertó en los hombres igual que en la fiera
el perverso instinto de animalidad?

Se elaboran leyes, se ordenan matanzas,
y a cabo se llevan odiosas venganzas
mostrando el espíritu más sádico y ruin,
cual si se quisiera detener con eso
la Verdad, que a bordo de rápido expreso
a barbarie tanta ha de poner fin!

Y no es solo Europa ni el milenio Oriente.
Las vírgenes selvas de este continente
hace ya dos años tiñiéndose están
con sangre preciosa de hombres hermanos
que, al igual que otrora Tirios y Troyanos,
hacia el exterminio dijérase van.

Defienden los unos derechos hollados.
Ambiciones, odios desencadenados
persiguen, se dice, los de más allá.
Y mientras las bestias espantadas huyen,
los hombres se enfrentan, hieren y destruyen
sin que se vislumbre quién los detendrá!

Odios y rencores sacuden el mundo,
y la misma tierra en lo más profundo
entra en un período de actividad,
como si cansada de tanta miseria,
con la lava hirviente que hay en sus arterias
acabar quisiera con tanta maldad.

¿Quién podrá decirnos hacia donde vamos?
¿Donde llegaremos? ¿Donde despertamos?
¿Quién le pondrá freno a tanta ambición?
Y a la grave crisis que transtorna el orbe,
preocupación máxima que todo lo absorve,
¿quién vendrá a ponerle feliz solución?

Mientras que sin tregua disparan las horas,
jinete en las ondas, cabalgan sonoras
las notas del arpa de Bach o de Liszt.
La abeja trabaja, el zángano holga...
Y hay algo que acalla los cantos del Volga...
la voz del Vesubio... las risas del Rhin...



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