JOSÉ MARÍA DELGADO



Salto-Uruguay, 1929-1932

Sevilla es una torre
Llena de arqueros finos
Federico García Lorca

Mi ciudad tiene un río de invierno
Donde se deshace el tiempo como cartón mojado
Mi ciudad tiene un río de ojos
Donde me gusta ahogarme, y nadar, y dar gritos.
Yo paseo por el sol de mi ciudad como por el filo
De un papel de plata. Yo sé que hay barrancos
Y canteras de albero para teñir el pulmón de libro viejo,
Pero sé sobre todo que hay cien torres y un revuelo
De palabras en las calles que me van siguiendo
Como un colegio de niño en domingo. Yo he vivido
Lo más oscuro de mi ciudad, lo más sísmico.
Pero siempre he visto que hace un buen día
Y que aún se puede amar a mi ciudad de viento.
(Digo todo esto, pero tú
Ya no te acordarás
De mí. Ni de que te dije sin prisas
Un verano:
“eres un arquero
Finísimo, tenso, grácil, de Sevilla”)

De Plano de la ciudad

Soy el que acude a los naufragios
Antonio Ruiz Llerena

¿Tu alcancía,
Antes que el tiempo la rompa,
Se irá quedando vacía?
Antonio Machado

Yo soy suscitador de naufragios
Tanto sé de las islas que en ninguna habito
Pero de todas en mí la tierra permanece.
Frutas y dragones me alimentan: la nieve,
Como una columna de hastío, me unifica
Cuando avisto los barcos, su olor es destrucción.
Me duelen las manos tercamente nacidas.
El mar es el amor. Mas no el amor el mar.
-Bien sé de todo eso, hoy martes,
Como un minotauro, sobremesa,
Vacaciones, mi amante que siempre se retrasa,
He soñado con sangre, qué ganas de llorar
Y qué paz, qué cansancio, qué vacío
En mis libros, mi música, mi modesto
Deseo, de morir siquiera en el intento,
Redondo, circular el mundo es, ¿en qué moneda
Cambiar mi corazón?, ¿en qué alcancía,
Un órgano culmina. Esto es verdad.

(Inédito)


LEVEMENTE le roza la mano del amor,
Descansa un instante sobre su pierna, sube
A la cruz de la garganta, donde toda soledad
Se reconcentra. Y cuando el dedo último le esfuma
La línea del rostro, el matiz airado del cabello,
A punto otra vez de marchar para siempre,
Recuerda cuánto aguardó en silencio ese contacto
Ligero y fresco en Julio, gloria plena
Cuyo nombre, como todos, el verano apropia.
“Agua indulgente del verano –piensa-,
Conozco tu sabor maravilloso”. Y duerme.

(Inédito)


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