CARLOS MARÍA GUTIÉRREZ



Uruguay, -2001


VISITA

Esta mujer de cierta edad me mira
elige las palabras me alcanza un chocolate
el sargento ha traído las sillas de la guardia
y ella se sienta al sol
habla cinco minutos
calcetines de lana las naranjas son dulces Coca te hizo un pastel
pero queda una hora todavía

el fusil M2 la pone triste
no sabe que esa caja verde sobre la mesa
se llama walkie-takie y nos escucha
es gente de otra época de familia sin presos
me susurra furtiva pese a todo
y el soldado se acerca a espiar su mensaje
por qué está mal planchada la camisa

esta mujer se calla
hay tan poco a decirse entre dos viejos
siempre hablaba con niños había pizarrones
cada mañana alguno le llevaba una rosa
en su escuela rural el sol no tenía horario
no había centinelas de M2 rastrillando
si el llanto la tentaba
siempre le era posible explicar los diptongos de espaldas a la pena
y la tiza suplía las respuestas inútiles las pausas

esta mujer se esconde tras sus lentes oscuros
piensa algo remordida en el rato que falta
para el último ómnibus hacia Montevideo
no han puesto pizarrones
y hasta el sol es un préstamo de las Fuerzas Armadas

esta mujer me mira buscando un niño antiguo
y sólo encuentra un hombre sucio y un poco enfermo
que se escapó del tiempo y que también se calla

esta mujer ojea su reloj pasó el plazo
han retirado el sol y se llevan la silla
¿quién era ese extranjero con la barba crecida
que se aleja renqueando entre dos centinelas?

esta mujer mi madre de pie lentes oscuros
con su niño cadáver podrido entre los brazos

En Diario del cuartel, 1967

MILONGA DEL FUSILADO

No me pregunten quién soy,
ni si me habían conocido,
los sueños que había tenido,
crecerán aunque no estoy.

Ya no vivo, pero voy
en lo que andaba buscando,
y otros que siguen peleando,
verán nacer otras rosas,
que en el nombre de esas cosas,
todos me estarán nombrando.

No me recuerden la cara,
que fue mi cara de guerra,
mientras hubiera en mi tierra,
necesidad de que odiara.

En el cielo que ya aclara,
verán cómo era mi frente.
Me oyó reir poca gente,
y aunque mi risa ignorada
la hallarán en la alborada,
del día que se presiente.

No me pregunten la edad,
tengo los años de todos,
yo elegí entre muchos modos,
ser más viejo que mi edad.

Y los años de verdad,
son los tiros que he tirado,
nazco en cada fusilado,
y aunque el cuerpo se me muera,
tendré la edad verdadera,
del niño que he liberado.

Mi tumba no anden buscando,
porque no la encontrarán,
mis manos son las que van
en otras manos tirando.

Mi voz la que va gritando,
mi sueño el que sigue entero,
y sepan que solo muero,
si ustedes van aflojando.
Porque el que murió peleando,
vive en cada compañero.

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