ANTONIO LUSSICH


Montevideo –Uruguay, 1848-1928

CONSEJOS A EULLARI


Y hoy hablo a los orientales,
y también al Presidente,
que se trate sabiamente
de suprimir tantos males;
y tuitos seamos iguales
sin reparar la color,
pa que unidos al reedor
de este pabellón glorioso,
alumbre eterno reposo
su puro y brillante sol.

Te hundes suelo querido
en un cañadón sin fondo,
esto lo dice un redondo
que nunca letrao ha sido.
No es juersa, ser escrebido
para conocer el mal
y veo Patria oriental
que siguiendo en ese rumbo,
como mamao dando tumbos
vas por un caleagüesal.

No hay más remedio a tus penas,
no hay más corte a tus tormentos,
no hay atage a tus lamentos
si no rompes tus cadenas:
hoy te tienen como agena
los hombres sin corazón,
que su sola aspiración
es pegarse donde hay plata,
y te arrastran por la pata.
A tu ruina y destruición.

Yo soy un triste paisano
que pa lay soy gallo ciego,
pero a naide me le ayego
pa que me tienda la mano;
gracias a Dios soy liviano
para poder trabajar.
Y eso no me ha de faltar
por los güesos de mi agüela,
nunca seré sanguijuela
que el oro me haga pegar.

Nunca almita se lo imploro,
don Ellaura, el Presidente,
que lo rodee esa gente
para chuparle el tesoro,
le prosiarán más que loro
para hacerlo convencer,
y si logran otener
lo que piden, ¡Cristo mío!
Me lo sambuyen a un río
o lo cuelgan de un cordel,

Sea güeno, con los güenos,
castigue fiero a los malos,
no sirve atacarlos al palo
cuando el torsal es ageno.
El coraje es el terreno
que usté debe de pisar,
y no se deje atrasar
por gefes, ni por menistros,
sino como a santo cristo
me lo han de crucificar.

Menudee sin compación
al que sea insobordinao,
dende el último soldao
hasta el que lleva galón.
Dé, a quien tenga, la rasón
dejesé de compadradas,
cuando la gente es malvada
caigales por sobre el lomo
ansí como cai a plomo
el agua de una quebrada.

Entre fuita aquella gente
que usté sólo es quien elije,
en la openión no se afije
sino que sea entiligente,
honrada, y tan delijente
que haga feliz a esta tierra
tan destruida por la guerra,
y siembra güena semilla
que ansina, se verán trillas
hasta en la cumbre e la sierra.

Castigue de corazón,
al que tenga mucho empeño
ensoliviar a su dueño
lo que es de su posesión
nunca le dé salvación
al que es vorás y cuatrero,
y verá el gran hormiguero
de ladrones acabar.
Y a gritos se oirá alabar
su gobierno justiciero.

A los gefes dé de baja
que a costa de los soldaos,
en poco tiempo han llenao
las maletas y la caja.
Si el pasmo no les ataja
a quien manda batallones,
le han de cobrar las raciones
para gente nunca vista;
pero jamás verá en lista
que por hambre hay reserciones.

Ni con su hermano se case
en custiones de servicio,
pongale freno al desquicio
pa que naide se propase,
y nunca dejo que pasen,
las cuentas sin revisar.
Eso lo debe mirar,
con doble vidro en los ojos,
sino, tal vez que los piojos
por güeyes le hagan pasar.

Larguesé de sopetón
cuando el clarín toque diana,
a la lista de mañana
en cualesquier batallón.
Y allí verá esa ocasión
como el número ha mermao,
de los nombres que le han dao
ni con la mitá se encuentra.
Y el resto en la caja dentra
del que el apunte ha llevao.

Enseñelé como a niño
al gefe más copetudo,
que con la lay nunca pudo
ni la hermandá, ni el cariño.
Tome el ejemplo en Patiño,
que con sueldos y raciones,
aforró bien los riñones
llenó la pansa y belsico.
Mientras tanto sus milicos
finaban de privaciones.

Con albertencia y con maña
escuelas mande poner,
para que pueda aprender
el gaucho de la campaña;
porque es disgracia tamaña
en tiempos tan alentaos,
ver tanto prioyo negao
más duro que una muraya,
que sólo marcan sus rayas
con la hoja del embenao.

Con los pobres no sea duro
cuando le falten razones,
ni largue contribuciones
que los pongan en apuros,
si usté lo hace, yo le juro
en nombre de la gauchada,
que no ha de faltarle nada
para que viva tranquilo,
y siempre hallará un asilo
en medio a la paisanada.

Atráquele a los Pulperos
una multa cada mes,
y descuélguese con tres
a los carros bolicheros,
que son los más pijoteros
y amigos de mogoyar
nunca nos quieren fiar
y son ellos porque lauchas,
hay que pelarles la chancha
pa que apriendan a tratar.

El pingo de la nación
lleveló siempre tranquiando,
sólo vayale aflojando
en busca de la ocasión
no largue de sopetón
pueden cortarse las riendas,
al ñudo es que usté se prienda
si su flete se desboca,
tal vez le raje la coca
ande ni el diantre lo atienda.

Aunque se li haga aparcero
mil alforsas en el cejo,
oiga paciente el consejo
que quiere darle un matrero:
nunca se apegue al dinero
del país; para no pecar,
hagaló siempre tapar
de modo que no se vea,
y el pueblo oriental no crea
que usté es capás de uñatiar.

Pa final de tanta prosa,
al que salga redomón,
mandeló sin compasión
a lo el coronel Mendoza;
que allí con yerbas sabrosas
el genio le domará,
y mansito quedará,
como el humilde cordero.
Esto es lo último aparcero
que le pido y me dará.

Me ha puesto ya ronco el canto
tiro al suelo la guitarra,
si he sido un poco chicharra.
La causa son mis quebrantos,
sepan que Luciano Santos
como pueta y payador,
le ha de correr al mejor
sin mirar tiro ni cancha;
y el que quiera la revancha
se la dará este cantor.

Sólo respeto a un amigo
que le soy lial como un perro,
es el gaucho Martín Fierro
y con orgullo lo digo,
yo cabrestiando lo sigo
y siempre lo he de seguir.
Juntitos hemos de dir
siguiendo el mesmo destino,
que orientales y argentinos
siempre aliaos han de vivir.

Pues luchando como hermanos
en mil combates nos vimos,
y a los tiranos hundimos
y a la patria rescatamos.
Gloriosos lauros ganamos
ande el libre batayó,
Paysandú e Ituzaingó
son recuerdos inmortales.
¡Y con sangre las señales
de nuestra unión se marcó!

De El matrero Luciano Santos (.pdf) (1872)


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