ELÍAS SÁNCHEZ RUBIO



Maracaibo - Venezuela, 1888-1931

CANCIÓN DE OTOÑO


¡Presentida ilusión, que el postrimero
Día de mi inútil juventud alegras;
Rosa de otoño en mi jardín señero;
Astro tardío de mis noches negras;
Canto hienal en mi ruinoso alero!

Hora es de revivir con tu galana
Primavera gentil mi Otoño yermo;
Tarda más en llegar, y ya mañana
Tan sólo encontrarás un cuerpo enfermo,
Un alma muerta, una cabeza cana.

¡Ven, que por la acritud de mi destino
Sufre y flaquea el corazón liviano,
Y mi clamor se pierde en el camino
Como el grito de un pájaro marino
En la desolación del océano!

Larga es la ruta, y la mirada apenas
Presiente los difíciles linderos;
Y, mira ese color de las arenas:
¡Ha marcado mis pasos en los senderos
La más preciosa sangre de mis venas!

Mira mis manos y mis pies: cual flores
De un violento rosal, mis cuatro heridas
Muestran sus crudelísimos colores;
Huellas de hiero son con que la vida
Me levantó en la cruz de los dolores.

Ve la lanzada, que en innoble acecho
El brazo me asestó de lo villanos;
¡Hace ya tanto que me sangra el pecho,
Y aun tardas en venir junto a mi lecho
A restañar mí sangre con tus manos!

Es tiempo; ¡ven! En tu oloroso seno
Reclinaré mi frente atormentada;
Aunque he sufrido tanto, yo soy bueno;
Y aun guardo para ti, la Bien Amada,
Mi corazón, como un jardín ameno.

Ligada a mí con irrompible lazo,
El fin verás de la enemiga senda;
Y, haciéndome guirnalda de tu brazo
Me dormiré, soñando, en tu regazo,
Cuando se oculte el sol, bajo mi tienda.

LA FALENA

De cara a la vida, el ánimo fuerte.
Solemos reirnos del miedo a la muerte
Y de los presagios y supersticiones.

Mas en los momentos de mortal quebranto,
Cuando el cuerpo sufre y esta el alma en llanto,
Son presas propicias nuestros corazones
Para las heladas garras del Espanto.

Todo se conjura: La noche…la estancia
Penumbrosa…El lecho, que revuelve mi ansia
¡el ansia del aire que falta en mi pecho!

Un jadeo sordo. Voces presurosas
Y apagadas…
Súbito, dos alas monstruosas,
Dos alas absurdas, Que el recinto estrecho
Pueblan de presagios e invisibles cosas.

Son dos alas lúgubres, alas del delirio,
Que apagan de un golpe la llama del cirio,
¡mi frente rozan en girar veloz…

-¡Una Tara Bruja!-… con las manos juntas
Y los ojos pávidos llenos de preguntas,
Gimen en ditorno, con quebrada voz.

-¡Una Tara Bruja!-…y en el aposento
Flota un vaho frío de presentimiento
Que pone en los ánimos un terror glacial.
Algunos murmuran con medroso acento
Un conjuro oscuro, de intención virtual

¡Contagioso pánico! En mudez las bocas,
La vida en los ojos, con miradas locas
Siguen todo, trémulos, el vuelo augural.

Baja…Sube…Roza silencioso el lecho…
Hasta que el muro, cerca ya del techo,
Clava en negro signo su interrogación…

Hace ya tres noches que allí posa inerte.
Tres noches de Agustina, que empujó la Muerte
La ruinosa puerta de mi corazón.

¡Tres eternos siglos que el manchón oscuro
Posa sobre mi alma, desde el alto muro,
Con su negra sombra de alucinación!

¿Qué hace allí la inmóvil. Muda Mensajera?
¿Es que está en letargo; o es que está en espera…
En espera de “algo”que ella ve quizá?

Y si está en acecho, si paciente espía,
Cuando tiende el ala membranosa y fría,
Cuando tienda el ala… ¿qué se llevará?

http://poetaszulianos.blogspot.com/2009/04/elias-sanchez-rubio.html

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