DIONISIO AYMARÁ


Táchira-Venezuela, 1928-1999


POEMA O SOLEDAD

Para llevar el alma hasta sus estratos más profundos,
hasta la llama última en que se quema
permanentemente,
basta empapar los ojos un poco en el recuerdo
o en la noche sin lámparas o en la soledad
o en el amor
que es como la soledad, el recuerdo o la noche
cuando caen de súbito sobre los párpados

Basta cerrar los ojos
todavía mojados en la luz subterránea
y abrirlos a un espacio de cenizas y lágrimas.

Basta oír a distancia
el rumor olvidado
de una edad sumergida en la sangre,
a cuya ardiente sombra
cuerpos llenos de amor deshabitaron
los sueños que una tarde quedaron para siempre sin nadie.

Para llevar el alma hasta la raíz
de su oscura agonía,
basta tender los brazos como nubes o lámparas 
a ese espacio en que alguien
ya no espera
ni una palabra
de ésas que abren de pronto un mundo nuevo

“Mundo Escuchado”, 1.956 

VIENE EL AMOR, CANTEMOS

Vienen los días y se van
como nosotros. Vienen jubilosos
y se van fatigados,
también como nosotros.

Viene el amor y crecen
alas en nuestros hombros.
Vienen la claridad y la ternura.
Viene también el odio.
Vienen las lágrimas y los laureles.

Acaso llega todo.
Y tanta vida y tanta piel gastadas
para quedarnos solos.

Vienen los días y se van
y no hay espera ni sosiego en torno.
Sólo una lucha silenciosa y recóndita
con nosotros, al fondo

Vienen las noches y se van
y se llevan los rostros,
las brillantes corolas,
el efímero lodo.

Viene el olvido y no se va ya nunca:
se queda con nosotros.
Cantemos, que la muerte está más cerca,
pero el amor más hondo!.

“El Corazón como las Nubes” (1.959)

SONATA DE LOS BESOS

Ala de sombra, collar de silencio,
la brisa devastadora de los besos
recorría corolas,
musgo, cimas doradas,
extensiones de nieve,
mientras sonaban a lo lejos
los cuernos de la luna.
Comenzaba a morir sobre el pecho
el brillo de una flor, su luz tenue.
Ya nada podía detener la marea
creciente de la música.
Verdad más honda que los sueños,
el tiempo era una llama ciega,
cabía en una sola mano,
en un ademán solo.
El mundo era un enjambre
cuyo rumor se oía cada vez más lejano.
Entonces estallaron los astros
en la sala,
derribaron las puertas.
A plena noche cayó el sol de los besos.
Los besos, el collar desatado.
Nunca una victoria sobre la muerte fue más breve.


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