CARLOS CONTRAMAESTRE


Tovar-Edo Mérida- Venezuela, 1933-1996


LA CARNE NO TIENE RUIDO
A Felipe Lázaro

La carne no tiene ruido
apenas rastros de la memoria
Tanatorio ardiente dentro de mi cráneo
pasado vivo en la ceniza de los cielos
que evoca al padre con sus disfraces anudados
y su poker de ases en los dedos de brandy 
El tiempo crema muros
refleja la cal del suicida
restituye tahúres
con sus loros adivinatorios
aturdidos en su ruleta cósmica
Casas de silencio trascendido
Lluvia mustia sobre los fonsarios
Escucho su voz húmeda
acariciando sus huesos dúctiles
el ornamento de las flores blancas
adormecidas con su aliento
Olvido
entre el grano de la arena original
del cuerpo
que estrecha la arquitectura de su jaula ósea
donde el alma canta como un
cisne helado
La distancia magnética acerca las partículas del Universo
según las leyes del amor
Pájaro desierto horadando el corazón de la piedra
la calavera amada
que sueña tinieblas
y nos hace morir a cada instante
ya nada será más latido
ni linfa secreta
en nuestros meandros interiores
Eternidad cruzada
por un colibrí nervioso 
que aletea sobre el mármol

UNIVERSO PURO

El amor es un problema de cielo y tierra
espacio de carne imaginativa y dolorosa
sufriente
¿Dónde están los contrarios
que no se encuentran
los extraños que no se extrañan?
Soledades que invocan soledades
eje de ternura
Universo Puro
La Muerte
ruptura con el cosmos
desplome del Tiempo
soledad que no besa
rumor vuelto carne imposible

MATERIA DE OLVIDO

Muerte infinita
febrilmente escarba
bajo el ornamento de piedra
Escudo rígido
del Tiempo rastreando
el vuelo del ánima plateresca
Ángel aniquilado en suspiro
y ala dormida
Piedra ensimismada
grieta en el espejo del difunto
Derrumbe y vigilia en la estrella
cuerpos deshabitados
vomitando demonios
Pesadumbre del cielo
Mortaja de los días

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